Auto-Estima vs Dios-Estima


¿Cuántas veces no hemos visto a personas en la Iglesia con problemas emocionales y espirituales? Muchos parece que no cambian y repiten patrones deconducta que no parecen ser cristianos. Declaran cosas terribles y dicen hacer y ser otras más.

Muchos piensan que la autoestima y la humildad son la misma cosa. Con este comentario quiero demostrar que no es lo mismo autoestima que humildad. La verdad es que hay muchos predicadores que parecen ser más sicólogos que siervos de Dios. Digo esto, porque sus enseñanzas están llenas de juegos de palabras, Por ejemplo, pueden reconocer que el orgullo es un problema; pero insisten en que debemos odiarnos a nosotros mismos. Resulta contradictorio su mensaje.

pues nadie ha odiado jamás a su propio cuerpo; al contrario, lo alimenta y lo cuida, así como Cristo hace con la iglesia, (Eph 5:29 NVI)

Creo que debe quedar claro que la autoestima no es lo mismo que la estima de Dios.

¿Qué es la estima?

De acuerdo al Diccionario de la Real Academia Española:

estima.

(De estimar).

1. f. Consideración y aprecio que se hace de alguien o algo por su calidad y circunstancias.

Es decir, consideramos a algo o alguien que tiene calidad y entonces le estimamos, gana nuestra atención, nos enfocamos, le damos importancia. Es ineteresante que la definición habla de apreciar algo por su calidad, es decir es una alta estima. Cuando le pones precio a algo o alguien y ese precio rebasa cualquier parámetro.

Sin embargo, la Biblia nos señala que noes tan importante el amor que tengamospor nosotros mismos, me refiero a la atención que pudiéramos ponernos a nosotros (“autobrindarnos”).

El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. (1Co 13:4-5 NVI)

La Biblia nos habla de que el amor no es egoísta. Esta sería otra forma de ddecirlo: “… el amor no se tiene autoestima…” ¿Entonces?

Lo que importa es el amor de Dios. La Dios-estima. Es decir tú no podrás amar como dice 1 Corintios 13 si ese amor no proviene de Dios.

Si nuestra conciencia de lo que somos incrementa nuestra adoración hacia Dios al humillarnos iremos por buen camino. Debemos buscar a Dios. No olvidemos que Dios es tan poderoso como para estar cerca de nosotros. El Espíritu de Dios está en nosotros y él tiene una mejor opinión acerca de nosotros que la que nosotros pudiéramos tener. Me recuerda a Gedeón que a la perspectiva de Dios era un varón fuerte y valiente.

¿Sabes por qué hay estrés en nuestra vida? Porque estamos pensando demasiado en nosotros mismos, nos autoprotegemos, desconfiamos de los demás. Decimos “Yo, yo, yo… yo” y perdemos la gracia de Dios.

Es mejor pensar en lo que Dios es que en lo que somos nosotros. Porque mirarnos a nosotros mismos no es otra cosa que puro orgullo. No nos alejamos demasiado de nosotros mismos y por eso no podemos ver a Dios. Cuando miramos a Cristo, nos olvidamos de nosotros mismos. La verdadera humildad no consiste en pensar mal de nosotros, más bien es NO PENSAR EN NOSOTROS PARA TODO. Debiéramos desear no pensar en nosotros mismos y acercarnos a Dios, Él es digno de ocupar todos mis pensamientos. ¿Tienes la necesidad de ser humilde?

En Romanos 7, la Palabra nos dice que en nuestra carne no hay nada bueno. Es decir, que si estamos enfocados en nosotros mismos no sacaremos cosas buenas. Busquemos qué es lo que Dios piensa de nosotros a través de su gracia y obremos en fe. “Si Dios con nosotros, quién contra nosotros”.

Lo que quiero decir es que debemos dejar de pensar en nosotros mismos y buscar pensar en el Señor, buscando la Dios-estima.

He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí. (Gal 2:20 NVI)

Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia que él me concedió no fue infructuosa. Al contrario, he trabajado con más tesón que todos ellos, aunque no yo sino la gracia de Dios que está conmigo.
(1Co 15:10 NVI

–Áma al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente’* –le respondió Jesús–.
(Mat 22:37 NVI)

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