¡Adoremos a Dios como lo hacen las hormigas!


 

Alabemos a Dios como las hormigas

 

Salmos 100:1-5 TLA
(1)  Habitantes de toda la tierra, griten con todas sus fuerzas: ¡Viva Dios!
(2)  ¡Adórenlo con alegría! ¡Vengan a su templo lanzando gritos de felicidad!
(3)  Reconozcan que él es Dios; él nos hizo, y somos suyos. Nosotros somos su pueblo: ¡él es nuestro pastor, y nosotros somos su rebaño!
(4)  Vengan a las puertas de su templo; ¡denle gracias y alábenlo!
(5)  Él es un Dios bueno; su amor es siempre el mismo, y su fidelidad jamás cambia.

Oh si, cada vez que nos reunimos en la congregación damos a conocer que tenemos una fe en común y que al enfocarnos en Dios, Él es nuestra razón de ser. Ahora, aquí les digo algo: cuando esto pasa, cosas suceden, cosas que no nos habíamos imaginado que pasarían o que sentiríamos.

Si, la alabanza es celebrar a nuestro Dios mientras declaramos su Verdad.

Es bueno alabar solo; pero hacerlo en grupo es maravilloso. Me parece que no es tan importante que deba ser en una megaiglesia; pero si que se haga en grupo. Se genera un principio de unidad cuando ves a los demás alabar al Señor y te contagias de su alegría.

Necesitamos congregarnos regularmente. Hay algo, que es importante y que es del Reino de Dios que perderás si no lo haces.

Mira, si todo se basara en “recibir” Palabra, bastaría con que te enviara mails de mis prédicas, los leyeras y listo; pero cuando no nos congregamos perdemos algo que es muy importante: la presencia de Dios en compañía de los demás hermanos.

Dios es relacional y nos hizo relacionales. Así trabaja Dios con la gente, con nosotros.

Lo importante no es la información ni el conocimiento que tengas.

Para mí, la parte más importante de un servicio es la adoración que le das a Dios. Veo que muchas personas llegan a la iglesia al tiempo de la prédica sin alabar a Dios, escuchan la Palabra; pero sus vidas no son transformadas, se van igual, no le han dado nada a Dios. Hagamos la diferencia, alabemos al Señor como lo hacen las hormigas.

Veamos el poder de Dios y el impacto que puede causar en nuestras vidas. ¡Alabémosle! ¡Adorémosle!

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