Alma Mía


Salmos 103:1 RV 1960

(1) Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre.

Recuerdo, cuando era un niño, en la casa donde vivía teníamos corrales donde había guajolotes, gallinas y conejos, eran tres corrales, de hecho. Una de las cosas que yo hacía cuando iba a limpiarles, era ponerme a platicar con los animales como si fueran personas. Les contaba como me sentía y qué pensaba de las situaciones de la vida. Con el tiempo ya no tuve esa tarea por hacer y tampoco a esos animales a los que les podía hablar, entonces llegó el tiempo, de literalmente, hacer soliloquios.

Muchas veces me he encontrado hablando, reflexionando y diciendo cosas a mí mismo. ¿Te ha pasado? No, no pienses que estoy al borde la locura. Déjame te platico el último que tuve:

Salí de mi casa en mi bicicleta, un poco aturdido por varias cosas que han pasado en mi vida, y elegí una autopista que está cerca de la casa para dar una vuelta, pasados unos 10 kilómetros iba orando y hablando con el Señor y ya me estaba cansando cuando me tocaba subir una pendiente, ya casi no tenía fuerzas y me dolían las piernas. De repente me vi diciéndome ¡Vamos, tú puedes!, ¡tú eres un hijo de Dios, él te da fuerzas, sigue, no te detengas! Me estaba dando palabras de ánimo a mí mismo, después de haber pedaleado y orar a Dios. Terminé cansado, si; pero bastante animado para seguir en la obra de Dios y enfrentar un fin de semana muy atareado de conferencias, consejería y asuntos familiares. Dios me dio su fortaleza.

Dudé en escribir esto porque quizá alguien habría de pensar que estoy hablando con mi «alter ego», en una disociación de personalidad; pero no, créeme que no es así. descubrí que el salmista recurría a esta forma de expresarse para levantar no nada más su ánimo, sino también sus convicciones. Pensé, no soy el único.

Cuando nadie te pueda decir algo, cuando sientas que las fuerzas se te van, háblale a tu alma en tercera persona y afirma tus convicciones. Cosas como ésta pueden ser de bendición:

Bendice, Juan Carlos, a Dios, ¡bendícelo!

  • No olvides de ninguno de sus beneficios, y enlista los beneficios que has recibido.
  • Uno de ellos es que has recibido el perdón de Dios, has sido sanado por Él también.
  • Te ha rescatado, has recibido favores y misericordias de Dios.
  • Te ha dado nuevas fuerzas, como al águila.
  • Ha alejado tus rebeliones.

Y si, bendícelo. Bendice a Dios porque su Misericordia es grande, haz su voluntad en tu vida. Que Él sea el Señor de tu vida.

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