Cristianismo Vital

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Foto Velada de Oración en Amistad Cristiana Cuautitlán, Mexico. 

Quiero suponer que si estás leyendo este blog eres un cristiano y si no eres cristiano, también espero que esta Palabra te anime y te bendiga. Dicho lo anterior paso a preguntarte ¿Cómo te va en la vida? ¿Has sentido que la vida es nada? ¿Constantemente te sientes aburrido? Hoy te invito a que hagas un alto y dispongas en tu mente a pensar lo mejor para tu vida. Es mi deseo y mi oración que tu vida tenga propósito y estés viviéndola con dinamismo, vivacidad y energía no importando la edad que tengas. Si no es así, entonces déjame decirte que aún hay más, que en Cristo el futuro es promisorio y grandioso, es eterno.

Con el paso del tiempo, me he dado cuenta que a la gente le cuesta trabajo ver lo esencialmente bueno en su vida. La verdad, es muy fácil ver lo negativo, esas cosas que deprimen y que frustran nuestros anhelos. Es demasiado fácil ver las barreras y los límites, esas cosas que provocan a nuestra mente y espíritu opacarse y deprimirse. La Biblia dice que hay tres rasgos esenciales que nos permitirán vivir con una visión de lo eterno y, obviamente, ser felices: Fe, Amor y Esperanza ¿Los tienes?

La Fe nos permite confiar en Dios. ¿Sabes? Dios siempre está dispuesto para aquellos que creen en Él. Dice la Biblia que Él tiene preparado un galardón para los que le buscan. Siempre he pensado que si Dios estuvo ahí para animar y levantar a Moisés, Abraham, David y Job (por ejemplo), él también estará listo para levantarnos a nosotros. Ahora, una persona que tiene fe es una persona activa, la cual se mueve y participa en acciones que bendicen a otros. Tener fe en Dios te llevará a ser una persona productiva y un canal de bendición para los que necesitan conocerle. Mantente firme con tu fe en Cristo, enséñales a otros de Cristo, muéstrales lo que el poder del evangelio ha hecho enti y haz esos cambios en tu vida que manifiesten esa realidad. La transformación de Dios, esa transformación maravillosa, sobrenatural que te permite vivir activo, con gozo y paz, debes mostrarla como testimonio de su poder en ti.

Ama. Cuando permitas que el amor fluya en ti te verás sirviendo a otros en una forma desinteresada y deseando lo mejor para ellos. Así es Dios, así ha sido con nosotros, nos dio lo mejor, nos dio a su único Hijo para que conociéramos el poder del amor restaurador porque el amor tiene su origen en Él. Vamos, la Biblia dice que Dios es amor. Si acaso no supieras amar, tú puedes hablarle a Dios y pedirle que te enseñe. Tu petición debe ir acompañada de un deseo auténtico para impactar la vida de los demás. El amor es entrega, es sacrificio, es servicio y es una decisión que marcará tu vida y la de las personas que te rodean por siempre. No, no estamos hablando de recibir un salario, o de traducir tu trabajo a dinero. Estamos hablando de hacer cosas que bendigan a otros sin esperar que ellos nos den algo a cambio. De ser así, sucederá algo especial; tu servicio, entrega, trabajo y amor hacia las personas mostrarán realmente cuánto amas a Dios y cuánto te ama Él. Porque lo amas ¿no es cierto? Ama, pues.

Espera a ver que sucedan nuevas cosas. Mucha gente pierde su paz y la visión del futuro por no tener esperanza. La esperanza es esa expectativa porque sucedan las cosas que todavía no se ven en el futuro. Déjame decirte que si tenemos una expectativa de que vendrán mejores cosas nos estaremos fortaleciendo también cuando se nos presenten las dificultades. Alguien dijo: “La esperanza muere al último”. Por ejemplo, si tú eres una persona que ahorra dinero seguramente eres de esas personas que pacientemente colecta un dinero para irse de vacaciones o enfrentar el futuro de una mejor manera, aún cuando pudieras gastarte ese dinero en algo divertido ahora. ¿Cierto? Y cuando hablo de hacer las cosas pacientemente no hablo de una actitud pasiva o de flojera, hablo de una paciencia agresiva, esa, que nos permite continuar en el camino del Señor aún cuando otros ya se han dado por vencidos. Si, mi oración a Dios por tu vida es que te mantengas buscando agradar a Dios porque sabes que Él viene. Maranatha, Jesús viene.

Quiero terminar diciéndote que estas tres cualidades: Fe, Amor y Esperanza, no sólo te permitirán enfrentar las dificultades, sino también crecer espiritualmente. Que Dios te habilite con estos tres rasgos de carácter en tu vida personal, familiar y de ministerio. Es mi oración para que tu conocimiento de Cristo Jesús continuamente produzca cosas en tu
vida. Asegúrate que tu Fe produzca resultados, que tu Amor te impulse a trabajar, y que tu esperanza en Cristo Jesús te inspire a ser paciente y perseverante. Que así sea.

Al orar a nuestro Dios y Padre por ustedes, pensamos en el fiel trabajo que hacen, las acciones de amor que realizan y la constante esperanza que tienen a causa de nuestro Señor Jesucristo.

1 Tesalonicenses 1:3 NTV

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Momentos de Verdad

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Photo by Warren Wong on Unsplash

Nuestros hijos habrán de tomar decisiones. Se entiende que, nosotros los padres, les hemos enseñado a tomar decisiones en la vida. Aún cuando no sepamos hacerlo les estamos enseñando a cómo vivir. Los padres somos ejemplo para ellos y, en todo caso, esas son nuestras lecciones de vida. En la vida todos enfrentaremos momentos definitorios y habremos de tomar decisiones que nos permitirán avanzar. Nuestros pensamientos e ideas generan consecuencias, por lo tanto, llegará el momento en que nuestros hijos tomen decisiones que definan el futuro que ellos seguirán. Esos, serán momentos de verdad. Un momento de verdad es el equivalente a quemar las naves. Un momento de verdad puede traducirse a una decisión en la que te comprometes a hacer algo pase lo que pase. Es decir, podrías decidir comprar un producto, hacer un viaje, inscribrirte en un curso o entregarle tu vida a Jesús.

Cuando digo que es semejante a quemar las naves, lo refiero a que no tiene sentido echarse para atrás. Se sabe de dos eventos donde hubo que tomar decisiones firmes y enfrentar al futuro con determinación y asertividad, uno fue en el siglo IV a. C. cuando Alejandro Magno observó que sus enemigos le triplicaban en número y que su tropa se veía derrotada antes de pisar el campo de batalla. Alejandro Magno desembarcó e inmediatamente mandó quemar todas las naves. Cuenta Campuzano que mientras su flota ardía, el líder macedonio «reunió a sus hombres y les dijo: Observad cómo se queman los barcos… Esa es la única razón por la que debemos vencer, ya que si no ganamos, no podremos volver a nuestros hogares y ninguno de nosotros podrá reunirse con su familia nuevamente, ni podrá abandonar esta tierra que hoy despreciamos. Debemos salir victoriosos en esta batalla, ya que solo hay un camino de vuelta y es por el mar. “Caballeros, cuando regresemos a casa lo haremos de la única forma posible, en los barcos de nuestros enemigos”». El otro, refiere a Hernán Cortés en el año 1521, en la conquista de México. Cuentan que durante esta operación se produjo un motín y que el caudillo, tras el correspondiente consejo de guerra, mandó hundir (que no quemar) la mayor parte de sus barcos. Todo para que nadie tuviera la tentación de recular por la dificultad de la misión. El caso es que esos son ejemplos de los momentos de verdad en nuestra vida, decisiones que nos marcan y por más que queramos regresar el carrete, ya no podremos. Como padres, cuando nuestros hijos toman ese tipo de decisiones nos pueden llevar al orgullo o al desaliento, a la alegría o a la tristeza y o vergüenza. Decisiones que marcan nuestra vida y la de los de alrededor.

En el libro de los Proverbios de Salomón nos encontramos con una serie de contrastes en los que, dependiendo de la decisión que tomen nuestros hijos habrá alegría o tristeza, vida o muerte, sustento o ruina, trabajo diligente o pobreza, prudencia o deshonra, bendición o maldición. Las decisiones traen consecuencias y cabe hacernos la pregunta ¿qué tipo de decisiones queremos que nuestros hijos tomen? ¿Les hemos enseñado a tomar decisiones a nuestros hijos? ¿En qué forma les enseñamos asertividad y valor? ¿De dónde adquieren ellos la sabiduría? Es tiempo de recapacitar en ello y que desarrollemos las habilidades para enseñarles a los chicos cómo resolver sus problemas personales. No, no se trata que contesten lo primero que se les ocurra, más bien, que aprendan a escuchar y a decir sus puntos de vista sin ofender a los demás, manteniéndose en la línea del respeto. Es tratar de entender los sucesos que han ocurrido y aprender a establecer objetivos con metas claras, lo que queremos que ocurra. Es un tipo de negociación con la vida, los hechos pasados se deben comprender y a partir de ahí emprender nuevas metas para el futuro. Analizar los problemas con sus consecuencias, y a partir de ahí plantear nuevas soluciones. Es decir, la comprensión de mi pasado me debe llevar a la resolución de mi futuro. Si logramos enseñarle esto a nuestros hijos, ellos podrán tomar decisiones claras, firmes y sin dudar, avanzar hacia lo que sigue con buenos resultados.

Creo que muchos padres estarán orgullosos al ver crecer a sus hijos con diligencia, trabajo, esfuerzo y disciplina. Los resultados serán muy agradables, y más si sus hijos toman decisiones con propósito, para edificar y resolver problemas. Hijos con un espíritu enseñable, que aprenden a resolver problemas, que no se echan para atrás, ni para tomar impulso. Hijos que tienen un encuentro con Dios y que deciden ser la diferencia en un mundo polarizado de pecado. Hijos que enfrentan su momento de verdad y se arrepienten del pecado para ser libres y victoriosos en Cristo. Hijos con un futuro promisorio de Dios, hijos sabios. Hijos que prefieran la pureza a la contaminación. Esa es mi oración para los padres y madres que tienen hijos adolescentes, sobre todo. ¡Que Dios te premie con hijos victoriosos! Si eres hijo, que Dios te dé la oportunidad de ser la alegría de tus padres.

Proverbios 10:1 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Contraste entre el justo y el malvado

10 Los proverbios de Salomón.
    El hijo sabio alegra al padre,
    Pero el hijo necio es tristeza de su madre.

 

Proverbios 10:32 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

32 Los labios del justo saben hablar lo que agrada; mas la boca de los impíos habla perversidades.

Enfrentando los Cambios

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Photo by Ben White on Unsplash

Ya se aproxima el Día de las Madres y este post lo estoy escribiendo en razón de ello. Las mujeres que se convierten en madres son expertas en experimentar y enfrentar cambios en su vida. Sin duda, deben enfrentar muchos cambios emocionales, a veces, en el límite; pero siempre enfrentando la vida y trabajando al extremo porque los cambios generan movimiento y transformación. La pregunta que tengo para las mujeres y madres es ¿Hacia dónde te estás moviendo y en qué te estás transformando?

En la Biblia, tenemos el caso de Rut, una mujer moabita que debió dejar su familia, sus costumbres, su cultura, su idioma para irse a vivir a Belén con su suegra en busca de un futuro que la redimiera. Es conocida su declaración con la que declaró su fidelidad a Noemí y a Dios. Ese fue el principio para que ella viviera un futuro totalmente diferente a lo que había vivido en su niñez y parte de su juventud. Su compromiso no fue con su suegra, fue con Dios. A pesar de su tragedia compartida, Rut y Noemí nos enseñan con su decisión la forma en que debemos considerar a Dios más allá de nuestras circunstancias y relaciones personales. Cuando pongas a Dios en primer lugar no tendrás por qué preocuparte acerca de tu futuro, pues el Señor te guiará y suplirá todas tus necesidades afectivas. Dios es proveedor de todas tus necesidades emocionales, financieras y espirituales. Te dará certidumbre y esperanza siempre pues es Él quien convierte las tragedias en bendiciones.

Cuando una mujer es madre desarrolla habilidades especiales acerca de cómo levantar a sus hijos. Una madre que toma en cuenta el propósito de Dios para su vida se comprometerá levantar a sus hijos como verdaderos hijos y adoradores de Dios. En la Biblia hay muchos ejemplos. Jocabed, Ana y María, la madre de Jesús son ejemplos y nos enseñan la importancia de saber transmitir los principios y valores del Padre a sus hijos. Veo en la madre de Moisés, Jocabed, una mujer que confió en Dios y le entregó a su hijo buscando que se cumpliera el propósito de Dios en él. Ella fue quien le dio la identidad y los valores necesarios para que más tarde se convirtiera en el líder que sacó a su pueblo de la esclavitud. Ana, también debió entregar a su hijo para que fuera el profeta y juez en Israel y a la postre, el hombre que ungiría a los dos primeros reyes de su pueblo. Finalmente, María, la madre de Jesús nos enseña cómo amó a su hijo a pesar de los cambios que él fue presentando en su adolescencia, permitiendo que su hijo buscara estar en las cosas del Padre antes que en cualquier otra cosa. Lo importante, pues, es que tus hijos tengan una visión de lo eterno y una relación personal con el Espíritu de Dios. Que ese sea el verdadero cambio para sus vidas, que se vuelvan a Dios.

¿Qué debe hacer una mujer actual? Sin duda, buscar a Dios primeramente. Si estás soltera, él te mostrará quién será la mejor persona con la cual habrás de vivir tu futuro. Te mostrará el camino del virtuosismo, ese que requiere esfuerzo, disciplina y trabajo. Dios querrá prosperarte y seguramente te dará hijos como bendición para que puedas instruirlos y enseñarles a relacionarse con Dios. Cambiará tu tragedia en bendición. Si tienes hijos, enséñales a crecer en gracia y en sabiduría. Entrégaselos a Dios, que sea el Espíritu de Dios quien les enseñe a tomar las decisiones de lo eterno. Enséñales a confiar en el Padre celestial y a vivir con la seguridad que no estarán desamparados. Enséñales a vivir siendo transformados por la Palabra de Dios y no importando los cambios, que siempre se mantengan firmes en su fe. Enséñales a tomar decisiones basadas en los principios bíblicos de Dios. Dales la oportunidad que emprendan ministerios de Dios y de servicio a las personas que necesitan el evangelio. Más allá de que logren el éxito, que aprendan a ser aprobados por Dios y conozcan el poder transformador del evangelio. No te arrepentirás de hacerlo, pues enfrentarán los cambios con la mejor ayuda y el mejor guía, el Espíritu Santo. Atrévete a cambiar siempre considerando a Dios para la toma adecuada de tus decisiones. Te irá bien.

 

Proverbios 31:30 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

30 Engañosa es la gracia, y vana la hermosura;

La mujer que teme a Jehová, ésa será alabada.

 

Lucas 2:52 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

52 Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.

Mentalidad espiritual para tu hijo

Tengo un amigo que dice: “El problema no es tener hijos, sino mantenerlos”. Hay quienes saben que sus hijos son buenos chicos, sin embargo, a veces, piensan que sus hijos son fuera de lo normal y dicen: “¡No sé qué hacer con mi hijo (a)!”.  Para un padre cristiano, tener hijos va más allá de la manutención, implica tratar con seres que son bendición de Dios y, obviamente, la tarea de entrenarlos para que sean cristianos y vivan con la convicción de ser hijos de Dios se vuelve el objetivo a alcanzar. ¿Quieres una familia cristiana, fructífera y próspera? Si somos seres espirituales, entenderemos que nuestro trabajo de ganar a nuestros hijos para Dios es algo natural, dado que dependemos del Espíritu y nuestra mente actúa en consecuencia. Pareciera, pues, que tener hijos espirituales, me refiero a los hijos de carne y hueso, es tarea fácil. En la realidad de la vida práctica, educar a un hijo es un desafío proveniente de Dios con el propósito que tu familia sea fructífera y próspera para la vida eterna. Si eres el padre, toma el reto, si eres el hijo, toma el reto. Seamos hijos de Dios eternamente.

En la Biblia vemos la historia de Jesús cuando fue niño, escrita por Lucas, ahí podemos observar que José y María, los padres de Jesús asumieron una gran responsabilidad al tenerlo en casa. Estoy seguro que le enseñaron los principios de Dios, además eran padres que procuraban cumplir con los mandamientos del Padre en todos los sentidos. Llevaron a Jesús al templo para celebrar la fiesta de la Pascua como familia. Podemos ver que Jesús crecía en gracia y sabiduría, a tal grado que podía mantener una comunicación con los doctores de la Ley. Esto era lo importante, estar en las cosas de Dios. No creo que José y María hayan sido padres negligentes y sí, que le enseñaron a Jesús a valerse por sí mismo.  Creo que le enseñaron a pensar objetivamente y a darle la importancia a las cosas que verdaderamente debieran ser las importantes.

Me parece que Jesús creció con una mentalidad muy fuerte, una mentalidad espiritual, enfocada en Dios con visión y propósito claros. Jesús sabía muy bien que él era Hijo de Dios. También podemos apreciar que tenía conocimiento y entendimiento claro de las cosas. Jesús, como hijo, sabía discernir qué era lo más importante para su vida y a qué debía dedicarse. ¿Tu hijo sabe quién es Dios? ¿Conoce a Dios como su padre? ¿Tiene visión y propósito? ¿Entiende las cosas espirituales? ¿Sabe discernir entre lo que es más importante y lo bueno? Si no es así, entonces tenemos un gran reto por delante, entrenar a nuestros hijos para que tengan una mentalidad espiritual, cristiana e identidad propia como hijos de Dios. ¡Qué reto!

Es en el libro de Proverbios donde hallamos que es necesario instruir a los niños. Instruir significa proporcionar conocimientos, habilidades y experiencias a una persona con el propósito de formarla. Se trata de formar a nuestros hijos. ¿Cómo los estamos formando? Aún cuando no tengamos una idea clara de cómo formarlos y no haya propósito, les estamos dando algún tipo de formación, ya que compartimos con ellos conocimientos, habilidades y experiencias. Instruir es tener un objetivo y trabajar en pos de él con disciplina y esfuerzo. Ah, si los padres entendiéramos la importancia de la disciplina y del esfuerzo para lograr el crecimiento en nuestros hijos, muchas cosas cambiarían en nuestra cultura de la improvisación familiar. ¿Cómo es que Jesús podría mantener una conversación con los doctores de la Ley? Tenía el conocimiento, las habilidades y la experiencia de una relación con el Padre y con sus padres.

Siempre me ha llamado la atención el caso del profeta Samuel, un hombre de Dios que ungió a los dos primeros reyes de Israel. Eli, el sacerdote, fue su maestro. Llama la atención que Elí había sido un mal padre, pues sus hijos se habían corrompido alejándose de Dios. Lo interesante es que educar a Samuel, fue una oportunidad nueva para Elí. Samuel se caracterizó por ser una persona dependiente de Dios, con visión y propósito, enfocado en lo eterno y con una mentalidad espiritual. La clave está en tomar en cuenta a Dios y estar dispuestos a corregir lo que no hemos hecho bien.

Tener una mentalidad del Espíritu, hará que tus hijos también busquen tenerla. Es el ejemplo, es considerar a Dios como lo más importante, que lo es, para nuestra vida. Te animo a que busques tener una familia fructífera y próspera en lo espiritual. Sé espiritual como padre, deja que Dios te indique cómo educar a tus hijos. Atrévete a transmitir los conocimientos, habilidades y experiencias que día a día tienes con el Padre. Una mentalidad en el Espíritu te llevará a pensar en lo eterno. No dudes en aplicar la disciplina a tu vida, esfuérzate en mostrar cuánto amas a Dios y transmite a tus hijos la pasión que tienes por el Eterno. Acepta el reto.

Proverbios 22:6 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Instruye al niño en su camino,

Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.

Sé un hombre de carácter

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Photo by Ben White on Unsplash

¿Alguien me podría decir qué significa ser un hombre de Dios? Más allá de asistir a una congregación cristiana, tener pláticas acerca de Dios y decir que somos creyentes hay un Camino que demanda más que eso. No se trata de ir a la Iglesia sino ser la iglesia, tampoco de ser un fan de Jesús, sino ser su discípulo. Habrá que dejar a un lado los paradigmas de Iglesia por los de Jesús. Es una buena idea leer la Biblia; pero más y mejor, llevar a la práctica sus principios con un compromiso que trasciende a la religión.

¿Conoces a alguien más grande que tú? Si, a alguien que sea muy alto y fuerte, pienso nadie quiere tener a ese tipo de enemigos. En muchas ocasiones el temor y la incredulidad hacen que nuestro valor sea mínimo, por lo que se requiere un espíritu de lucha así como el que desarrolló David, ese pastor de ovejas que se convirtió en rey.  El gigante Goliat había menospreciado al pueblo de Israel con su fanfarronería y apariencia de grande; pero no contaba con el carácter que David había desarrollado al pelear contra animales salvajes en el campo. Más que la fuerza, su confianza en Dios le permitía enfrentar a un enemigo, evidentemente más grande y poderoso. La Biblia dice que el Espíritu de Dios estaba en él. Su experiencia como pastor, su fe en Dios, su valor juvenil y su celo por el Dios vivo lo llevaron a ser un ejemplo para nuestras vidas. Ese ejemplo, de tomarlo en cuenta, te llevará a desarrollar un espíritu de lucha y confianza en Dios, tan grandes que no importará el tamaño de tus problemas. ¡Atrévete a ser diferente y a ganarle al enemigo!

Ser cristiano e hijo de Dios implica, a parte de ese espíritu de lucha, un compromiso total con Dios. Jesús vino para darnos vida abundante y eterna. Se sabe de personas que adquieren riquezas y tienen grandes logros en su vida; pero terminan solos, tristes y envueltos en depresión porque nada les satisface. Nuestro compromiso con Dios debe ser total. Si valoramos la vida eterna entenderemos que no hay nada que podamos hacer nosotros para pagarla. La vida eterna es más importante que la vida terrenal para aquel que se precia de ser cristiano. ¿Qué pasaría si Jesús te pidiera que vendieras todo y lo que ganaras se lo dieras a los pobres? La forma en que puedes comenzar a tener una mentalidad de vivir para el reino de Dios es que empieces por establecer las prioridades correctas en tu vida. David fue un gran luchador porque tuvo intimidad con Dios, conocía a Dios y desarrolló sus habilidades de la mano de Dios. Tu fe será desafiada. Comienza por darle el primer lugar a Dios en tu vida y disponte a entregar todo para su gloria. Prepárate para a obedecer sus principios y mandamientos. Serás un hombre con carácter.

Un espíritu de lucha y un compromiso total te darán la oportunidad de caminar con Dios para desarrollar una fe inquebrantable. Siempre me ha llamado la atención cómo Dios le pide en Génesis 22 a Abraham que le entregue a su hijo Isaac en sacrificio. Su único hijo que le podría dar descendientes y la seguridad de que se cumpliera la promesa de Dios que sería llamado “padre de multitudes”. ¿Qué fuerte no? Dios va a probar tu fe a través de tu obediencia. ¿Obedeces a Dios? Cuando tú aprendas a confiar en Dios podrás obedecer como sí lo hizo Abraham. Así son los verdaderos discípulos de Dios, le creen, se comprometen con él y le obedecen pase lo que pase. Si, si tú dices que eres un cristiano, tu fe será probada con tu obediencia a la Palabra de Él. Recuerda, Dios no anda buscando fans, anhela corazones y gente que le adore en espíritu y en verdad, es decir, que sean obedientes. Eso es lo que da carácter.

Ser un hombre de Dios requiere un espíritu de lucha como el de David y depositar tu confianza en el Todopoderoso para no ver el tamaño de tus problemas.  Ser un hombre de Dios requerirá que no pongas tu corazón en las riquezas, que seas capaz de hacer un compromiso total y que te entregues plenamente a Él. No lo dudes, Dios no te traicionará, no te abandonará, no te dejará. Comprométete y déja que Él se haga cargo de tu vida. Aprende a obedecer los mandamientos de Dios. Si Dios te ha dicho que hagas algo, hazlo. ¿Por qué poner excusas? ¿Por qué actuar a escondidas? Dios está buscando gente con carácter, que su si, sea si y que su no al pecado, sea no. Sé un hombre de carácter, sé un hombre de Dios.

Los zapatos de la alegría

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Photo by Matthew Wheeler on Unsplash

Un hombre sabio le dijo al padre de un príncipe que su hijo podría ser feliz, únicamente si este se ponía los zapatos de una persona verdaderamente feliz. En el reino se buscó a un hombre que fuera verdaderamente feliz, pero cuando finalmente lo encontraron, este era tan pobre que no tenía zapatos.

 

Juan 15:10-11 Reina Valera Actualizada (RVA-2015)

10 Si guardan mis mandamientos permanecerán en mi amor; como yo también he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

11 “Estas cosas les he hablado para que mi gozo esté en ustedes y su gozo sea completo.

Lengua Viperina

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Imagen tomada de pinsdaddy.com

¿Has escuchado la frase que dice: “Ten cuidado con esa persona porque tiene una lengua viperina”? A veces se hace referencia así por la capacidad para hablar que alguna persona manifiesta. No, no sólo es el hablar muchas palabras, también cuenta la intención. Una persona con lengua viperina es hiriente con sus palabras, tiene mala intención, inventa chismes y es murmuradora. Este tipo de persona se vuelve experto en el menosprecio y ninguneo con sus palabras. Controlar la lengua es controlarse a si mismo, controlar la lengua es dejar que el Espíritu Santo hable con sabiduría, para eso Dios nos da dominio propio.

La lengua, físicamente, es un músculo pequeño, de 10 centímetros, sin embargo, es el músculo más poderoso que forma parte de nuestro cuerpo y tiene funciones diversas, como las de proveernos la sensación de sabor y permitirnos ingerir los alimentos, además de ser muy flexible. Sin embargo, es nuestro cerebro quien controla sus movimientos y funciones físicas. De esto, debemos estar conscientes al momento de controlar lo que decimos, que sea nuestro cerebro quien marque la madurez con la que hablamos. ¿No crees? Es tiempo de hablar con responsabilidad y madurez. Es tiempo de usar la lengua con el propósito claro de edificar, de levantar y bendecir a los que nos rodean.

En Génesis, el libro de los principios, leemos actuar a la serpiente engañando a Eva para hacerle creer a ella y a su marido que podían ser como Dios sin Dios. Siempre buscando la destrucción de los demás. Dios nos ha dado dominio propio (2 Timoteo 1:7) para controlar nuestra lengua y crecer espiritualmente. Una persona que controla su lengua aprende a filtrar sus pensamientos dando muestra de madurez y disposición a los acuerdos. Hacer a un lado los insultos por palabras que edifiquen y promuevan la bendición. Nuestra madurez espiritual se evidencia por el saber controlar nuestra lengua.

Santiago es más explícito cuando maneja el concepto de la brida, la que controla a los caballos como una forma similar en la que debemos controlar nuestra lengua para evitar crear fuegos innecesarios. La brida consiste en un conjunto que es conformado por el freno, la rienda y las correas que se utilizan para controlar a un caballo. La idea subyacente es que tú y yo debemos controlar nuestra lengua con todos los recursos y esfuerzos que sean necesarios. Siempre debe haber un propósito claro y con bendición para expresar nuestras palabras. Nada de ser hirientes o generar menosprecios con nuestra lengua. Controla tu lengua, controla tu cuerpo, busca ser bendición con lo que dices, piensa antes de hablar, parece decirnos la Palabra.

Hoy te invito a que consideres Proverbios 15:4 cuando dice que, las palabras suaves son un árbol de vida; la lengua engañosa destruye el espíritu. (NTV) Nos ayudan las resoluciones que hizo Jonathan Edwards al respecto de este tema:

  1. Estoy resuelto a nunca decir nada en absoluto contra nadie, sino cuando está perfectamente de acuerdo con el más alto grado de honor cristiano, y el amor por la humanidad, agradable a la más baja humildad y al sentido por mis propias faltas y defectos, y de acuerdo con la regla de oro; a menudo, cuando diga algo contra cualquier persona, para llevarlo, e intentar que estrictamente pase por el examen de la presente resolución.
  2.  Estoy resuelto, que en las narraciones, nunca hablar otra cosa sino la verdad pura y simple.
  3.  Estoy resuelto a nunca hablar mal de nadie, a menos que tenga alguna buena reconvención que comunicar.
  4. Estoy resuelto a siempre dejar que haya algo de benevolencia en todo lo que hable.

¡Hazlo! Deja al Espíritu Santo actuar en tu vida. Cuida tu lengua, cuida tu forma de hablar, no seas viperino (a). Pídele a Dios sabiduría para hablar con una mente bien articulada. Pon mucho cuidado sobre tu boca, sé rápido para escuchar y lento para hablar. Aprende a compartir el evangelio con los demás en tus conversaciones y no permitas que tus palabras sean la marca de un mal corazón. Sé prudente.